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Ganadería y arrieros en la música tropical colombiana de la primera mitad del siglo XX

 

Por: Ángel Massiris Cabeza (Clic para ver currículum)

En la primera mitad del siglo XX era común en el Caribe colombiano el traslado de lotes de ganado de las zonas ganaderas hacia Medellín y el resto del interior del país, el cual se hacía a pie debido a la carencia de infraestructura vial y de transporte automotor que permitiera la movilización por estos medios. Eran viajes que podían durar varias semanas dependiendo de la distancia entre el lugar de origen y el de destino. En el caso de los que se hacían desde las sabanas del Sinú y San Jorge, en el departamento de Córdoba, hasta Medellín; su distancia era de aproximadamente 420 kilómetros con una duración de hasta ocho semanas, dadas las grandes dificultades geográficas que debían enfrentar los arrieros en su recorrido. Era una labor que por su rudeza exigía mucha fortaleza física y emocional de los vaqueros para llegar sanos al lugar de destino y sin mayores pérdidas de animales tanto en su número como en su peso.
 
Los cantos de vaquería fueron un gran apoyo en estas correrías. A través de estos, los arrieros establecían una comunicación musical con los animales que parecían entender los mensajes transmitidos con versos a manera de coplas españolas a los que las reses respondían con obediencia (Amador, sf.) (1). Estos cantos también ayudaban a contrarrestar la monotonía del viaje y a alegrar el espíritu de los vaqueros, quienes improvisaban tonadas para expresar sus emociones y sentimientos. Varios investigadores como Ciro Quiroz Otero (2) y Antonio Navarro Santos han documentado la relación entre los cantos de vaquería y el folclor musical del Caribe colombiano. Navarro Santos en su libro “Arrieros de ganado” (3) describe ampliamente el contexto, las características y vicisitudes de los largos viajes realizados desde el Sinú y el San Jorge hacia Medellín; que incluían ataque de animales, extravío, atascamiento o espanto de reses; enfermedades, accidentes, miedos, etc. Ciro Quiroz, por su parte, documenta la relación entre los cantos de vaquerías y el origen de la música vallenata. Otros como Alberto Anaya Pérez han argumentado la transversalidad de la actividad ganadera en la cultura del departamento de Córdoba.
 
La música comercial del Caribe colombiano no fue ajena a esta realidad, observándose desde las primeras grabaciones fonográficas de finales de los años veinte del siglo pasado, canciones alusivas a la actividad ganadera. En efecto, de 1929 podemos mencionar las composiciones de Camacho y Cano “Óyeme Lorenza” y “La vaca” y de José Pianeta Pitalúa: “El toro sinuano”. En 1930 se graban otras dos composiciones de Pianeta Pitalúa alusivas a la ganadería: el porro “El buey” y el merengue “La ternera que mata”. En 1945 aparecen los porros “El toro prieto” (Orquesta Emisora Atlántico Jazz Band) y “La vaca vieja” (Orquesta A. No. 1 de José Pianeta Pitalúa). En 1946, la Orquesta Emisoras Fuentes graba el porro “Que salga el toro”. En 1947 Guillermo Buitrago graba “La vaca lechera”, el Conjunto Típico Los Cumbiamberos el son de gaitas, "Descansa el vaquero" y la Orquesta Emisora Fuentes el porro “Viaje de ganado”; asimismo, en 1948, José Barros con Los Trovadores de Barú graban la emblemática composición de Barros “El vaquero”. 
 
La canción “Viaje de ganado” (Discos Fuentes, serial 0066) constituye un testimonio discográfico de los preparativos de estos viajes. En su introducción se escucha el mugir del ganado en los corrales y algunos guapirreos de los vaqueros, su letra dice: textualmente: 

Ya llegó la madrugá / se oye el pájaro que canta
relincha el viejo caballo / y el vaquero se levanta.
Ya juntico está el ganao / ya (inaudible) lo ha reunío
un toro que está atascao / y una vaca se ha perdío.
Algunos tocan la gaita / otros repican tambó
otros ya se han puesto triste / por qué (inaudible).
Ya el sancocho está servío / están to´s añingotao
de allí no se levantan / hasta verlo terminao.
Alli vino Catalina / al buen vaquero le da
si guardas esto muy bien / nadita te va a pasar.
Lo que era ruido es silencio / el fogón ya está apagao
de Lorica tengo el viaje / el corazón alterado.
 
Pulse el siguiente enlace para escuchar el audio:
 
La canción “El vaquero”, por su parte, fue grabada por el sello Discos Fuentes con número serial 0098 (ver imagen de marbete). En dicha canción Barros describe poéticamente y con sentido humano la labor de vaquería, asociada con el traslado de ganado en pie de unos lugares a otros que, como se dijo antes, obligaba a los arrieros a estar varios días fuera de su familia, lo cual no solo producía nostalgias sino también oportunidades para nuevos amores. Todo lo anterior se refleja directa e indirectamente en los siguientes versos:
 
El vaquero va cantando una tonada / y la tarde va muriéndose en el río (bis)
con el recuerdo triste de su amada / Lleva su corazón lleno de frio (bis).
Lo acompaña siempre un lucero / (Cuando va cantando el vaquero)
y a la espalda tira el sombrero / (Cuando va cantando el vaquero).
El petate y la mochila compañera / del vaquero que domina la montaña (bis)
lleva el recuerdo de una primavera / que se quedó dormida en su cabaña (bis)
Lo acompaña siempre un lucero / (Cuando va cantando el vaquero)
A la espalda tira el sombrero / (Cuando va cantando el vaquero).
Él le llama primavera a su morena / porque es linda como el sol de la mañana (bis)
con ella sueña dormido en la arena / Porque es la adoración de la sabana (bis).
Lo acompaña siempre un lucero / (Cuando va cantando el vaquero)
a la espalda tira el sombrero / (Cuando va cantando el vaquero).
 
Pulse el siguiente enlace para escuchar el audio: https://onx.la/041bc
 
REFERENCIAS
 
(1). Amador Soto, Augusto (sf), Cultura del porro. Su identidad folclórica, Grafisinú, Montería.
(2). Quiroz, Ciro (2004), Vallenato, hombre y canto, segunda edición, Asociación de escritores del Caribe, Asecaribe.
(3). Navarro, Antonio (2006), “Arrieros de ganado”, Montería, Editorial Sigo XXI.
 

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