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La poesía romántica en su máxima expresión

 

Por: Ángel Massiris Cabeza
Marzo 16 de 2025

INTRODUCCIÓN

En el desarrollo de mi investigación sobre "Poesía lírica de lamento en el canto vallenato", cuyos resultados fueron publicados en el libro "Elegías vallenatas", revisé, a manera de contexto, las elegías grabadas en otras músicas tales como el tango, la ranchera y la balada. En el estudio de esta última me encontré con una canción titulada "Nocturno", interpretada por el Grupo Comanche de Ecuador, la cual me impresionó por la fuerza lírica de su letra y música para expresa dolor y tristeza. Se trataba de una elegía de despedida en la que el yo poético expresaba su profundo sentimiento de dolor ante un amor no correspondido y se despedía lapidariamente. Investigué más fondo sobre aquella letra y su autor y descubrí una historia profundamente romántica, cuyo contexto literario, poema, declamación y canto comparto a continuación con ustedes.

CONTEXTO

El romanticismo fue un movimiento cultural y artístico que surgió en Europa a finales del Siglo XVIII y se extendió hasta mediados del siglo XIX. Se expresó en todas las manifestaciones artísticas de la época en el mundo: literatura, pintura, escultura y música, entre otros. En Latinoamérica tuvo particular auge a finales del siglo XIX y se extendió al siglo XX. En Colombia, uno de los escritores emblemáticos del movimiento romántico fue Jorge Isaac con su magna obra “La María”.

Entre los rasgos característicos del romanticismo se encuentra el énfasis en las emociones y sentimientos, en la sublimación del amor y el dolor, en la valoración de la naturaleza y la estética en todas sus manifestaciones; así como en la expresión lírica profunda de las sensaciones y percepciones de realidades observadas o vividas.

Uno de los casos más expresivos de la cultura romántica latinoamericana de comienzos del siglo XX, lo representa el poema titulado “Nocturno a Rosario” del poeta mexicano Manuel Acuña (27 de agosto de 1849​ – 6 de diciembre de 1873​), un poema inspirado en una experiencia de amor romántico del poeta con la dama Rosario de la Peña, de quien estaba profundamente enamorado, pero por su condición de casada su amor no fue correspondido.

POEMA NOCTURNO A ROSARIO

En el poema, el autor revela sus profundos sentimientos de amor y dolor, a manera de una elegía de despedida, en la que acude a imágenes alusivas a la noche, el sueño y la naturaleza; así como a Dios y la madre como un símbolo de lo divino, de lo sublime. La imposibilidad de poder ser correspondido llevó al poeta a un estado de profunda depresión, sentimiento que resolvió con el suicidio, hecho ocurrido el 6 de diciembre de 1873, cuando apenas tenía 24 años de edad.

A continuación, el lector podrá leer el poema completo, escuchar una versión declamada y una canción, en formato de balada lenta, grabada por el grupo Comanche, cuya interpretación y musicalización son una muestra de elegía en su máxima expresión musical.

NOCTURNO A ROSARIO
Manuel Acuña (1849-1873)


Pues bien, yo necesito, decirte que te adoro,
decirte que te quiero, con todo el corazón,
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre, de mi última ilusión.

Yo quiero que tu sepas, que ya hace muchos días,
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir,
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni donde, se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre, se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves, en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos, jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos, no me he de ver jamás,
y te amo, y en mis locos, y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos, te quiero mucho más.

A veces pienso en darte, mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos, y huir de esta pasión,
más si es en vano todo, y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga, con este corazón!

Y luego que ya estaba concluido el santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá, a lo lejos, la puerta del hogar...

¡Que hermoso hubiera sido, vivir bajo aquel techo!
los dos unidos siempre, y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos, una sola alma sola, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros, mi madre como un Díos!

¡Figúrate qué hermosas, las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje, por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida,
y al delirar en eso, con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno, por ti, no más por ti.

Bien sabe Díos que ese era, mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Díos que en nada, cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho, en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos, cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza..., más ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo, que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores,
mi lira de poeta, mi juventud, adiós!

DECLAMACIÓN
Fuente: Canal YouTube Fenete

CANCIÓN BALADA. INTERPRETACIÓN DEL GRUPO COMANCHE
  

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