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Cambios estilísticos en la música. Una aproximación filosófica

 

Autor: Ángel Massiris Cabeza


Perfil académico
Blog: Cultura Musical del Caribe Colombiano. Catálogo de publicaciones
Blog: Geografía, Desarrollo y Ordenamiento Territorial. Catálogo de publicaciones
Web del autor
Correo: massiris@gmail.com

Fecha de publicación: 31 de enero de 2026

Derechos de autor: Este artículo está protegido por las normas de derecho de autor. Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin la autorización del autor. Solo se autoriza la divulgación del enlace de la publicación que se muestra a continuación: https://musicaribecol.blogspot.com/2026/01/cambios-estilisticos-en-la-musica-una.html

Agradecimientos: a Arminio Mestra Osorio, Abel Medina Sierra y Luis Carlos Ramírez por la lectura del borrador, sus conceptos y recomendaciones. A Enrique Luis Muñoz Vélez por aceptar escribir el prólogo y Harry López Hernández por la revisión de estilo.

Epígrafes:

“lo único constante es el cambio” (Heráclito de Efeso).
“Todo cambia con el tiempo y hasta yo me siento extraño” (Gustavo Gutiérrez Cabello).

PRÓLOGO

Ángel Massiris Cabeza es una voz mayor en las investigaciones científicas y estéticas, en el abordaje de la música, y los diferentes formatos, para expresar formas y contenidos sonoros. Leerlo es ya un placer, abierto siempre, al asombro que nos indaga y nos interpela en cada silencio.

Nada en él me sorprende, maneja un sentido complejo para análisis de las cosas que somete al escalpelo crítico, a manera de estilete, buscando la forma y con ella, definir contenidos en las dinámicas y tensiones del orden de la naturaleza, la sociedad, el pensamiento y las programaciones neurolingüísticas de nuevos lenguajes de ciencia y arte en un universo que va a velocidades meteóricas. La metodología dialéctica de la que parte, se adviene en una cosmovisión rica en matices e ilímites en pronóstico que, el mundo lo es, en la medida inexorable de cambios permanentes.

Massiris es maestro en el discurso y en su devenir histórico, al igual que el músico y filósofo Theodoro W. Adorno y el filósofo y musicólogo Wlademir Jankélévitch. Filosofía rectora universal del conocimiento complejo al conjuntar ciencia y arte.

Enrique Luis Muñoz Vélez
Filósofo, investigador, docente y escritor colombiano

  INTRODUCCIÓN

Hace 8 años publiqué en mi blog “Cultura musical del Caribe colombiano” un ensayo titulado “Diversidad y riqueza de estilos de la música vallenata: aproximación geográfica cultural” en el que abordé el análisis de los cambios estilísticos de la música vallenata desde una perspectiva geocultural. En el presente artículo de nuevo abordo el tema, esta vez visto de la filosofía. En el primer capítulo argumento, desde la filosofía dialéctica, como lo único constante en la naturaleza, la sociedad y la vida es el cambio; en el segundo hago un breve análisis de los cambios ocurridos en los estilos musicales del Caribe colombiano en un contexto internacional y regional, en el tercero, abordo el tema de cómo preservar las tradiciones musicales en un marco sociocultural cambiante, bajo principios de armonía entre cambio y preservación y de sincronía multitemporal intergeneracional de estilos y gustos musicales, al final presento unas conclusiones. Los invito a leer este nuevo trabajo y a su difusión compartiendo el siguiente enlace: https://musicaribecol.blogspot.com/2026/01/cambios-estilisticos-en-la-musica-una.html

1. LO ÚNICO CONSTANTE ES EL CAMBIO

Es recurrente la discusión entre académicos, investigadores, folcloristas, opinadores y seguidores de la música de acordeón del Caribe colombiano en general y de la vallenata en particular, sobre los cambios de estilo en las letras y formas de interpretación de dicha música, que han pasado, en lo literario, de mensajes costumbristas predominante en los años cincuenta y sesenta, a mensajes lírico romántico de los setenta, ochenta y noventa; hasta la denominada corriente de la “Nueva ola” con cambios radicales tanto en la expresión literaria como musical, acordes con las actuales visiones posmodernistas. En lo musical los cambios han involucrado la introducción paulatina de nuevos instrumentos, estructuras musicales y mayor diversidad rítmica, a lo que se suman cambios culturales asociados a nuevos lenguajes. Las opiniones sobre estos cambios se pueden clasificar en dos posturas centrales: una tradicionalista o conservadora y otra modernista o disruptiva, las cuales reflejan la vieja discusión entre tradición y modernidad, entre lo nuevo y lo viejo, existente desde hace siglos en los estudios culturales.

Las posturas mencionadas se han expresado en diversos niveles: desde unas reflexivas y argumentadas hasta otras apasionadas, con débil argumentación basadas más en sensaciones y percepciones personales; llegándose, en algunos casos, al uso de calificativos peyorativos contra las nuevas expresiones musicales surgidas desde los años noventa, a partir de expresiones tales como “vallenato llorón”, “balanato”, “ranchenato”; o, en el caso de los estilos posmodernistas o de “Nueva ola”: “vallenato brincón”, “espurio”, etc.; siempre bajo la idea de que estos estilos nuevos constituyen una degradación de la esencia de la música tradicional. Estas últimas posturas desconocen viejos postulados filosóficos, a partir de los cuales se establece que no existen tradiciones, ni esencias inmodificables, como se argumenta a continuación.

El filósofo griego Heráclito de Efeso, hace 2.500 años afirmó que el mundo está en permanente estado de flujo y que toda materia está en constante e inexorable cambio. decía que: “Todo fluye, nada permanece…no es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque, aunque aparentemente sea el mismo río, sus elementos han cambiado”. Este postulado fue incorporado a finales del siglo XIX, por los filósofos alemanes Friedrich Hegel, fundador de la dialéctica como método filosófico y Friedrich Engels y Karl Marx quienes aplicaron la dialéctica al materialismo histórico, a partir de lo cual dieron una explicación de los procesos de transformación de la naturaleza (Dialéctica de la naturaleza) y de la sociedad (Materialismo histórico), incluida en esta última, el análisis de los modos de producción como fundamento de los cambios sociales y culturales, como parte de la superestructura de la sociedad capitalista.

El conocimiento producido por la ciencia en los últimos siglos ha corroborado el postulado de Heráclito, aplicado al funcionamiento del universo y de la vida humana. En efecto, todo lo existente, aunque parezca estar quieto; en realidad está en permanente movimiento y transformación. Es el movimiento y el cambio lo que garantiza la existencia del universo y de la vida en todas sus manifestaciones.

La tierra nunca está quieta ni permanece en un mismo lugar del sistema planetario. Rota sobre su eje a una velocidad de 1.670 km por hora en el Ecuador y se traslada alrededor del sol a una velocidad de 108.000 km por hora, aprox. Nosotros somos y no somos, cambiamos permanentemente. El cuerpo humano renueva diariamente millones de células. Nuestra existencia pasa por una transformación de embrión a niño, luego a joven, adulto, anciano…En 24 horas podemos experimentar distintos estados anímicos. Las formas de organización social y de producción también han cambiado con el tiempo, al pasar de la comunidad primitiva, al esclavismo, al feudalismo y al capitalismo. Este último ha pasado distintas fases: del capitalismo comercial, al industrial, al financiero y actualmente está en transición a nuevas formas asociadas a la revolución tecnológica y a ideologías fascitas.

Igual ha ocurrido con la cultura y, específicamente, en las manifestaciones artísticas, en las que se han dado grandes transformaciones a través de la historia de la humanidad, como se observa en los cambios ocurridos en la literatura, la poesía y la música comenzando por la antigüedad greco-latina entre los siglo V antes de Cristo y V después de Cristo, en los que predominaron los poemas épicos o narrativos, líricos y dramáticos, de los aedos y rapsodas; que luego evolucionaron en la Edad Media (Siglo V a XV) a la denominada “Lírica culta” de los trovadores y  Lírica popular de los juglares. En el Renacimiento (Siglo XV) surgen nuevas formas artísticas asociadas a distintas aproximaciones filosóficas, expresadas en distintos períodos tales como el Barroco (siglo XVI), el Neoclasismo (siglo XVII) y el Romanticismo (siglo XIX); en el siglo XX, aparecen otras expresiones o escuelas artísticas como el Simbolismo y el Modernismo, hasta llegar a los movimientos eclécticos, rupturistas, de la posmodernidad presentes en el siglo XXI. En todos esos momentos se han dado tensiones entre distintas escuelas y visiones y cambios en los paradigmas literarios y musicales.

El cambio es la constante. Es una ley de la existencia del universo, de la vida y de la cultura. La no aceptación o rechazo del cambio por las viejas generaciones, es más un asunto interno, de lucha interior, personal, subjetivo, motivado por inercias culturales que nos llevan a defender nuestro pasado, nuestro origen, aquello que valoramos por lo que representó y representa para nuestra vida y nuestros valores; lo cual no es malo en sí; lo que podría ser negativo es no entender que las nuevas generaciones tienen otros referentes valorativos y que lo que ellos hacen corresponde a su tiempo generacional, el cual no se debe juzgar solo desde nuestra perspectiva, sino también comprendiendo la perspectiva de ellos, desde una actitud empática.

De la misma manera como la música tradicional de hoy no es la misma del siglo XIX, la música tradicional del siglo XXII será absolutamente distinta a la de hoy; nuevas esencias musicales surgirán en el futuro en concordancia con las nuevas formas de vida social, económica y de pensamiento que vayan apareciendo. Es un asunto de dialéctica de los procesos sociales que escapan a nuestro control y deseo individual, por tratarse de construcciones colectivas desarrolladas en un marco de fuerzas económicas y sociales contradictorias, dentro de estructuras de poder asimétricas, tanto en lo global como en lo nacional, regional y local.

En el contexto anterior, el siglo XXI ha llegado con el desarrollo de nuevas formas de producción, reproducción, comercialización y consumo de música. La industria discográfica, los músicos e intérpretes han tenido que reinventarse para adaptarse a las nuevas formas, pasando de los formatos físicos a los digitales; de las ventas en tiendas físicas a las ventas en tiendas virtuales; de la reproducción en equipos de sonido al streaming de transmisión de contenido multimedia en línea; del almacenamiento en discos duros físicos al almacenamiento en la nube, memorias USB, tarjetas microSD, etc.; de la valoración del éxito comercial por la venta física de discos, al número de me gusta, visualizaciones o reproducciones. Todo ello en el marco de una globalización económica en la que cada vez más los mercados globales se imponen sobre los nacionales, regionales y locales. No se han desarrollado aún, lo suficientemente estas nuevas formas, cuando irrumpe una nueva tecnología: la Inteligencia Artificial (IA) que replantean las formas de producción musical y desafían a la gestión de derechos de autor, entre otras materias.

2. LOS CAMBIOS EN LOS ESTILOS MUSICALES

Está claro que los cambios en los estilos musicales son inevitables y su valoración está sujeta, indefectiblemente, a las visiones de las distintas personas y generaciones. Cada generación ha desarrollado su visión bajo condiciones socioeconómicas y culturales distintas, lo que hace que sus valoraciones frente a lo nuevo estén sujetas a sus experiencias, especialmente las ocurridas, en la niñez, adolescencia y primera juventud, período en el que se desarrollan fuertes lazos afectivos y empáticos con determinados estilos musicales y artistas, en el marco de los usos y costumbres regionales. 

Las llamadas "nuevas olas" han estado presentes en toda nuestra historia musical en los ámbitos internacionales, nacionales y regionales. Cuando apareció el Rock and Roll en los años cincuenta, las generaciones más antiguas rechazaron estas nuevas expresiones musicales por su impudicia en el baile y su cultura asociada, sin embargo, algunos artistas vieron en estas nuevas formas una oportunidad para realizar adaptaciones a nuestra música, surgiendo piezas musicales que hoy son clásicas, grabadas por Carlos Román y su Sonora Vallenata tales como Very very well, Okey baby y La nena. Igual hizo Aníbal Velasquez, Los Golden Boys, Los Teen Agers y Noel Petro, entre otros, quienes realizaron grabaciones de Rock and roll adaptadas a sus distintos estilos musicales.

Al entrar en decadencia el rock and roll, se popularizó en los años sesenta, el twist que dio a conocer Chubby Checker con su canción The Twist. Casi simultáneamente aparecieron el gogó y el yeyé con la que se inició otra nueva ola de danza frenética (movimiento de caderas) de la juventud que llegó también a nuestra música caribeña a través de adaptaciones realizadas por Aníbal Velásquez, Carlos Román, Morgan Blanco, Los Corraleros de Majagual, Lisandro Meza, Los Hermanos Ferreira, Harold, Los Golden Boys y Julio Erazo con su bella canción a gogó titulada “Sarita”.

Pero mientras ocurrían las anteriores nuevas olas en el ámbito internacional, también ocurrían nuevas olas en nuestra música caribeña desde los años cincuenta y especialmente en los sesenta, impulsados por ritmos tales como la guaracha, el chiquichá, la charanga, el jalaíto, la macumba y los merecumbés, entre otros que desafiaban a los porros, cumbias, paseos y merengues.

En los años setenta, emerge una nueva ola o paradigma en la música del Caribe colombiano: el vallenato lírico romántico impulsados por un grupo de compositores tales como Fernando Meneses, Mateo Torres, Rosendo Romero, Roberto Calderón, Tomás Darío Gutiérrez, Rafael Manjarres, Álvaro Cabas, Camilo Namén, Edilberto Daza, Hernando Marín, Máximo Movil, Octavio Daza, Santander Durán Escalona, Sergio Moya Molina, entre otros; interpretados por cantantes o agrupaciones musicales tales Los Hermanos López, Los Hermanos Zuleta, Silvio Brito, Diomedes Díaz, Beto Zabaleta, Binomio de Oro y Otto Serge & Rafael Ricardo, entre otros.

En los años noventa aparecen nuevas formas de expresión musical acordes con las nuevas generaciones, predominantemente urbanas, que demandaba nuevas sonoridades. En la música vallenata estas expresiones se manifestaron musicalmente por compositores y agrupaciones que interpretaron los nuevos sentires de la juventud: “Los Gigantes”, “Los Inquietos”, "Sagitario" y el “Binomio de Oro de América”, entre otros; entre los que se destacan cantantes tales como Nelson Velásquez, Luis Miguel Fuentes, Herbert Vargas, Daniel Calderón, Ely Osorio, Jean Carlos Centeno, Gaby García y Richard Salcedo, entre algunos.

La sucesión de cambios en los estilos de nuestra música caribeña ha sido constante y lo seguirá siendo, tal como nos lo explica la filosofía dialéctica. La valoración de si estos cambios son buenos o malos es ante todo una valoración subjetiva, personal, un punto de vista de cada persona, de acuerdo a su generación y a sus experiencias personales e historias de vida en el tiempo y en el espacio; que no se pueden generalizar. Es un asunto de comprensión adecuada de la dialéctica del desarrollo social y cultural, el cual no responde a visiones personales, sino a una construcción colectiva determinada por el modo de producción dominante en cada época. Las visiones puristas pecan de una poca comprensión de esta dialéctica y los lleva a un análisis más emocional que racional, más subjetivo que objetivo. Es indicativo de esto el hecho de que hasta nuestra cumbia insignia “La pollera colorá” fue objeto en los años sesenta de críticas y rechazo por parte de algunos miembros de la iglesia y de la comunidad que veían en su forma de bailar algo pecaminoso e indecente. Así fue registrado por el diario El Tiempo en su edición del 14 de enero de 1963 al referirse a un sacerdote que en sus prédicas en la misa planteaba que el baile de "La pollera colorá" estaba contribuyendo a “la descomposición moral de la familia” y era el responsable de “matrimonios rápidos que estaban ocurriendo”, debido a que los jóvenes “al compás de esa música moderna, el trago y los roces propios de sones afrocubanos, se acercan más y más a ..., para que luego los padres, que les permiten libertades ilimites (sic), lleguen donde el cura solicitando matrimonios relámpagos”.

3. ¿CÓMO PRESERVAR LAS TRADICIONES MUSICALES EN UN MARCO SOCIOCULTURAL CAMBIANTE?

Bajo la perspectiva filosófica planteada antes surge la pregunta de ¿cómo preservar las tradiciones musicales en un marco sociocultural cambiante? Es una pregunta pertinente, dado que podría pensarse en que, si “todo cambia con el tiempo”, entonces los usos y costumbres, así como las formas de pensamiento y la tradición musical también irán cambiando con las nuevas generaciones, destinando las viejas tradiciones al olvido. ¿Entonces qué se puede hacer?

Lo que se debe hacer, a nuestro juicio, es, en primer lugar, conceptuar la salvaguarda o preservación acorde con la filosofía descrita en la primera parte. Bajo dicha filosofía la preservación o salvaguarda no significa que las nuevas generaciones deban seguir cultivando las viejas tradiciones, lo que sería un contrasentido o anacronismo; sino que hay que establecer instrumentos que impidan que, en medio del desarrollo de nuevas formas culturales, artísticas y musicales, las viejas no sean olvidadas; es decir, lo que se preserva no es la práctica de lo viejo sino su memoria, a partir de instrumentos como los museos, la protección de áreas culturales o de geosímbolos artísticos (casas, lugares, cerros, ríos, pueblos emblemáticos); la transmisión de saberes y prácticas tradicionales a través de educación formal y no formal; los festivales de música folclórica; la implementación de sistemas de información musical que sistematicen las grabaciones fonográficas y sus portadas y marbetes, letras y partituras; las bibliotecas, hemerotecas y videotecas que reúnan de modo organizado textos y videos sobre las tradiciones artísticas y musicales, etc. La idea es que, a través de estos y otros instrumentos, la memoria de las tradiciones artísticas y musicales fluya de generación en generación para que permanezca en la memoria, aunque las prácticas cambien.

En el contexto anterior, cabe considerar un hecho importante que hemos denominado sincronía multitemporal o generacional, es decir la simultaneidad o coexistencia de varias generaciones en un mismo tiempo. Esto es muy importante para entender la dialéctica de los cambios culturales, artísticos y musicales e identificar estrategias adecuadas de preservación de la memoria cultural de los pueblos; en el sentido de que el advenimiento de nuevas formas con cada nueva generación no significa la desaparición automática de las viejas formas creadas por las generaciones anteriores y su coexistencia no necesariamente, debe ser en tensión o contradicción.

En la actualidad coexisten siete generaciones con distintas formas de ver el mundo, gustos, aficiones, intereses, etc. La primera, denominada “Generación silenciosa” que incluye los nacidos entre 1928 y 1945 que vivieron fenómenos como la Segunda Guerra Mundial. La segunda, Generación
 Baby boomers, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial entre 1946 y 1964. La tercera, Generación X que incluye a los nacidos entre 1965 y 1980. La cuarta, Generación Y o Milénicos, nacidos entre 1981 y 1996. La quinta, Generación Z, nacidos entre 1997-2012, la sexta, Generación alfa, nacidos entre 2013 y 2024 la séptima, la Generación Beta que apenas comienza con los nacidos en el año 2025.

¿Qué puede existir en común en materia de creencias, gustos, prácticas artísticas y formas de ver el mundo entre un silencioso de la primera generación y un Z de la quinta generación? Muy seguramente muy poco; sin embargo, en materia musical, las cinco generaciones más antiguas, con sus diversos gustos pueden coexistir armónicamente. A esto contribuyen las actuales tecnologías de transmisión de contenidos musicales que permiten a cada persona vivir en el tiempo musical de su predilección. Los Baby Boomers podremos seguir disfrutando de los vallenatos, boleros y baladas románticas de los años setenta, mediante listas personalizadas guardadas en la nube o en aparatos de reproducción; al igual que los X podrán escuchar los vallenatos románticos de Los Diablitos o Nelson Velásquez y, así sucesivamente.

El reconocimiento de la sincronía generacional también contribuye a crear instrumentos de preservación de las tradiciones con enfoque generacional, que permita la transferencia en el presente de saberes y prácticas de las generaciones anteriores a las posteriores; garantizando con ello, su permanencia en el tiempo y en la memoria; lo que significa mantener vivo el conocimiento de quiénes somos y de dónde venimos, es decir nuestra identidad como persona, artista o pueblo; sin denigrar de la identidad de los otros.

CONCLUSIÓN

De todo lo expuesto se puede concluir que los cambios en los estilos musicales son inevitables, dado que estos ocurren impulsados por fuerzas exógenas poderosas incontrolables para una persona o grupo social. No obstante, cada persona puede decidir la aceptación o no de dichos cambios, pues cada quien tiene la libertad de seguir apegado a sus tradiciones y gustos. Esto es propiciado hoy por las nuevas tecnologías de almacenamiento y reproducción de música que permiten que podamos vivir en el tiempo musical que queramos, mediante listas de canciones personalizadas que podemos escuchar desde las plataformas de Streaming o aparatos de almacenamiento y reproducción personales como los teléfonos celulares, ipod, etc. Del mismo modo, es claro que la valoración de estos cambios como buenos o malos son opiniones estrictamente personales que no necesariamente son compartidas por todas las generaciones que coexisten en un determinado tiempo y, finalmente, también es claro que la constancia de los cambios en los estilos musicales no es incompatible con la preservación de las expresiones musicales tradicionales, lo que se requiere es una conceptualización adecuada de qué es lo que se va a salvaguardar, alejada de posturas dogmáticas o anacrónicas, que permitan entender que lo que se salvaguarda no son las prácticas de lo viejo sino su memoria, para evitar que se hundan en el olvido.

6 comentarios:

  1. HARRY JOSE LOPEZ HERNANDEZ31 de enero de 2026 a las 12:37 p.m.

    Gracias, Ángel, por mantener esa firme postura de continuar enriqueciéndonos con tu línea investigativa, la cual nos llena de conocimientos.

    Es un valiosísimo y oportuno documento que llega para evidenciar que los cambios son procesos ineluctables e indefectibles y, por tanto, no dejarán de ocurrir.

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  2. HARRY JOSE LOPEZ HERNANDEZ31 de enero de 2026 a las 12:42 p.m.

    Gracias, Ángel, por mantener esa firme.oostura de continuar enriqueciéndonos con tu línea investigativa, la cual nos llena de conocimientos.

    Es un valiosísimo y oportuno documento que llega para evidenciar que los cambios son procesos ineluctables e indefectibles y, por tanto, no dejarán de ocurrir.

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  3. Permítame manifestarselo de esta forma: Más claro no canta un gallo. Sus aportes son significativos para que las generaciones entiendan los cambios.Lástima que el ejercicio de la información e investigación no sea riguroso como l como las tres (3) comidas diarias.
    Fuerte abrazo, profesor.
    Feliz 2026.

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  4. La buena música se defiende sola y no solamente la nuestra; el tango, el bolero y otros géneros musicales permanecen por años, sin desvirtuar su esencia. Cuando hay creatividad en un artista, simplemente crea un nuevo ritmo y le coloca nombre, sin aprovecharse de un nombre como Vallenato, por ejemplo para grabar alborotos sonorizados con fines mercantilistas, con el irrisorio resultado de canciones, sin es que así pueden llamarse, con fecha de vencimiento como el yogur; las graban hoy y mañana no la escuchan ni ellos mismos; sin embargo siguen deleitándose con las poesías de Gustavo, Marciano, Rosendo, Roberto, Rafa, Marín y otros. Ya se ha dicho: lo bueno se deja quieto. Les recomiendo el nombre de Usain Bolt, para un nuevo género, por la rapidez con que interpretan sus creaciones, que realmente como dijo Consuelo Araújo: no son partos, sino abortos musicales.

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  5. La gran verdad es que todo cambia como dijo Heráclito.En el campo específico de la música vallenata sigo disfrutando los clásicos porque creo y esto le faltó al amigo Ángel que No todo cambio significa perfeccion y muchas veces es degradación

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  6. Ángel, leí tu ensayo con gusto y con acuerdo en lo esencial. El enfoque dialéctico está bien armado y es muy eficaz para desmontar el purismo y esa idea de “esencias” inmutables en la música. La mención del cura en 1963 con la "Pollera Colorá" es fabulosa. Comparto plenamente la relación que planteas entre necesidad económica, modelos sociales y formas culturales; ahí tu argumento es fuerte y convincente.

    Solo te dejo una inquietud, en plan conversación más que objeción. Siento que el materialismo dialéctico, aun siendo potente, a veces deja en segundo plano el papel de la naturaleza como agente activo del cambio cultural. El territorio, el clima y la biodiversidad parecen moldear de manera directa la riqueza o austeridad de las expresiones simbólicas. Me cuesta pensar que la policromía musical del Caribe pueda explicarse sin ese entorno exuberante actuando casi como coautor.

    Desde ahí, creo que paradigmas ecológico-culturales o geográficos (tu terreno) podrían complementar muy bien tu lectura, sin negarla. Más que economía → sociedad → cultura, imagino una tríada viva entre necesidad económica, organización social y entorno natural.

    Te lo comparto con aprecio intelectual; tu texto invita justamente a este tipo de cruces, ojalá se apronto con algún clin-clin.

    Un abrazo.

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