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Primeras grabaciones fonográficas de música de acordeón en Colombia. 1934-1946

 

Camacho y Cano (izquierda), Pacho Rada (centro) y Mercedes Alandete (derecha). Foto archivo conjunto J.C Oñate Martínez & E.L. Muñoz Vélez. 1990.

Por: Ángel Massiris Cabeza

Perfil académico
Página web
Blog: Cultura musical del Caribe colombiano
Blog: Geografía, desarrollo y ordenamiento territorial
Correo: massiris@gmail.com

Publicación original: lunes 21 de abril de 2025
Actualización: miercoles 23 de abril de 2025

Derechos de autor: Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin la autorización del autor. Solo se autoriza la divulgación del enlace de esta publicación: https://musicaribecol.blogspot.com/2025/04/primeras-grabaciones-fonograficas-de.html

Agradecimiento especial a: Enrique Luis Muñoz Vélez, Julio César Oñate Martínez, Fabio Ortiz Moncada, Sergio Quiroz Ochoa, Ismael Rudas Mieles, Jaime Maestre Aponte y Pedro Ricardo Rodríguez por sus valiosos aportes.

Nota. Al final del documento usted, amable lector, podrá dejar sus comentarios o aportes que enriquezcan el contenido o corrijan imprecisiones o errores. El documento irá siendo actualizado en la medida que aparezcan nuevos datos o información.

INTRODUCCIÓN 

El presente texto amplía y actualiza trabajos realizados por el autor publicados en el año 2023 en el libro Historiografía de la producción fonográfica del Caribe colombiano en la primera mitad del siglo XX. En este artículo se enfatiza en las primeras grabaciones de música de acordeón, incluyendo tanto la interpretada con acordeón de teclado o a piano como con acordeón de botones o diatónico, abarcando todo el territorio nacional. 

El objetivo es el de aportar nuevos datos, evidencias y elementos de juicio que no se tuvieron disponibles cuando se abordó el tema hace tres años en el libro antes referenciado, los cuales han permitido un análisis más amplio y la incorporación de nuevos actores, precursores y pioneros de las primeras grabaciones fonográficas de música de acordeón en el Caribe colombiano. 

El análisis se ha organizado en cinco capítulos, cuyos contenidos se resumen a continuación.

En el primer capítulo se examinan las evidencias documentales más antiguas que se recaudaron en esta investigación, referidas a la práctica de conjuntos de música de acordeón en el Caribe colombiano observados desde finales del Siglo XIX hasta la década de los años cuarenta del siglo XX. Se intenta con ello recrear el accionar de estos primigenios conjuntos y los instrumentos que utilizaron. Todo ello, a partir de observaciones realizadas por viajeros franceses que recorrieron el antiguo territorio del Magdalena Grande a finales del siglo XIX y por escritores guajiros y magdalenenses  quienes dejaron valiosos testimonios documentales de cómo se desempeñaban estos conjuntos y como se bailaban sus ejecuciones musicales.

En el segundo capítulo se analizan las primeras grabaciones de música en acordeón de grupos andinos realizadas entre los años 1934-1946 y las confluencias con la música de acordeón del Caribe colombiano, observadas a través de algunas canciones con elementos comunes.

El tercer capítulo se centra en la revisión de la primera grabación de un disco con música de acordeón en la historia musical del Caribe colombiano, que tuvo como protagonistas a Francisco "Pacho" Rada, Ángel María Camacho y Cano y Mercedes Alandente. Se aportan datos, evidencias y elementos contextuales poco conocidos sobre aquel hecho histórico ocurrido en el año 1937 y sobre el papel de Camacho y Cano en la divulgación de la música de acordeón costeña.

En el cuatro capítulo se examinan los antecedentes más inmediatos a las primeras grabaciones comerciales de música de acordeón. Se trata de un grupo de canciones comercializadas en el año 1945, en el formato de guitarra, guacharaca y armónica. Son canciones de un gran valor historiográfico, dado que aportan información valiosa representativa de la cultura musical vallenata.

Finalmente, en el quinto capítulo se analizan las primeras grabaciones comerciales de música de acordeón en el Caribe colombiano. Se identifican y examinan los pioneros de dichas grabaciones y se analiza y reflexiona sobre una pregunta fundamental: ¿Se puede hablar de un padre del acordeón en la música del Caribe colombiano?

Los invito a recorrer estos senderos de relatos, conocimientos y aportes documentales, cuya intención es la de contribuir a un mejor juicio sobre los orígenes de la producción fonográfica comercial de nuestra música de acordeón. La puerta ha sido abierta, adelante.

1. MARCO HISTÓRICO

La música de acordeón ha tenido una larga tradición en Colombia y en el Caribe colombiano. Las más antiguas referencias documentales provienen de finales del siglo XIX, asociadas a prácticas musicales tales como la cumbiamba tambien llamada merengue y la colita. 

Las cumbiambas o “cubiembas” (sic) como las llamó el viajero francés Henri Candelier en su exploración de las tierras guajiras realizada entre los años 1888 y 1892, era común que fueran animadas por conjunto de música de acordeón. Dicho viajero hizo una descripción detallada de una cumbiamba que observó en La Guajira en el período antes mencionado, la cual, por su importancia como fuente documental para entender la conformación de los conjuntos primigenios de música de acordeón, se transcribe textualmente, en su totalidad, advirtiendo que en la transcripción se respeta la escritura de términos que seguramente son errores de traducción o que eran correctos en aquella época, pero que hoy se escriben distintos, los cuales son señalados con el término (sic), usado en el mundo académico para señalar la situación descrita.

“La ‘Cubiemba’ (sic) es la danza de los obreros, danza absolutamente indígena. Quiero hacer aquí hacer una descripción precisa como una fotografía, para no quitar nada de su carácter, de su pintoresca originalidad; única en su género. Para hacerme entender lo mejor posible, trataré de trazarla en forma sucinta en este cuadro:
En primer lugar, no hay salón de baile; todo sucede al aire libre, en una plaza; no hay cercas ni trabas. Imagínense ahora, un poste hundido en la tierra, un pequeño mástil de 2,50 metros de altura, encima del cual ondea el pabellón colombiano; más abajo, alrededor del asta del pabellón y contra el mástil, tres o cuatro linternas suspendidas, era el escenario en toda su sencillez.
Hacia las 8 de la noche, tres músicos vienen a apoyarse contra el poste, un hombre con un acordeón, otro con tambor y otro tocando la ‘guacharaca’. Preludian algunos aires, es la invitación. Todo el mundo conoce el acordeón, importado de Alemania, los tambores o mejor dicho el tamboril, tiene esa particularidad en su forma de cono truncado y no tiene sino una sola piel: es algo parecido al instrumento de los negros de la Martinica. También se coloca entre las piernas y se toca con las manos.
La guacharaca no se parece a ningún otro instrumento con el que le pueda comparar. Es un pequeño tallo de madera, plana, de una caña y de dos dedos de largo, cubierta con una delgada placa de hierro o de cinc con dientes en forma de sierra, con muescas parecidas a una cremallera, si usted prefiere. Con la mano izquierda se sostiene ese bastón, mientras que, con la derecha armada de un pequeño pedacito de hierro del tamaño y grueso de un lápiz, rasga el instrumento subiendo y bajando. Esto produce un ruido destinado a acompañar a los otros instrumentos. Es poco armonioso y bastante irritante. Oh! ese rechinamiento!
Tan pronto la música sigue un ritmo, se ven desfilar hombres y mujeres en grupos, los hombres en mangas de camisa, las mujeres llevando velas encendidas y ‘Cucuyos’ o gusanos de luz en el cabello y el talle. Inmediatamente las mujeres exitadas (sic) por esa música que les es favorita, se ponen a revolotear alrededor del mástil, deslizándose sobre el suelo, con un ligero movimiento rítmico, lascivo, de vaivén para adelante y atrás, del vientre, de las caderas y del talle: los hombres al frente de ellas ejecutan el mismo movimiento.
No diré que es una danza muy casta y decente, pero es ciertamente muy graciosa, y no tiene nada parecido con esa danza del vientre que argelinas y egipcias nos exhibieron durante la exposición de 1889... Esas mujeres revoloteando así, alumbradas por la luz de lámparas y velas, me parecieron tener una expresión feliz, radiante. Por momentos cantaban, me pareció verlas extremecerse (sic), llevadas por esa ronda lánguida, por una emoción inconsciente, ¿quién sabe? por una especie de satisfacción de los sentidos. Ellas bailaron hasta el amanecer” (Candelier, 1893:81-84).

Esta descripción nos da una idea de como era la organología de los conjuntos de acordeón primigenios. A partir de allí sabemos que en sus inicios, la guacharaca medía "una caña y dos dedos de largo", como lo dice textualmente Candelier, equivalente a 1,59 metros aproximadamente, longitud resultante de la suma de una "caña", que equivalía 1,555 metros en las medidas antiguas españolas más "dos dedos" equivalentes a 35 milímetros en las medidas antiguas mencionadas.

Lo anterior concuerda con los estudios realizados por el investigador Jaime Maestre Aponte, quizás el más versado estudioso de este instrumento; quien, basado en la descripción de la guaracha hecha por Candelier, hizo una reconstrucción física de la misma, la cual se puede observar en las imágenes siguientes. 

Como se observa, se trata de una guacharaca larga que los guacharaqueros tocaban de pie, tamaño que comenzó a cambiar en la medida en que los acordeonistas iniciaron la errancia por los pueblos y se dificultaba el transporte de un instrumento tan largo.

Sobre el asunto de la guacharaca primigenia de los conjuntos de música de acordeón, llama la atención que poco se haya hablado de la existencia en el Caribe colombiano tanto de guacharacha hembra como guacharaca macho. El acordeonista Eusebio Ayala (nacido en en el año 1898) y entrevistado por el historiador Tomás Darío Gutiérrez en el año 1991, habló de la existencia de estas dos guacharacas, textualmente afirmó:

"Antes había guacharaca hembra y macho, la más delgada que tocaba fino, era la hembra; era larga y se tocaba con una costilla de ganado" (Gutiérrez, 2014: 640).

La información anterior ha sido corroborada por el investigador Jaime Maestre Aponte, quien, además, encuentra una relación entre la guacharaca hembra y macho como instrumento, con la guacharaca hembra y macho como ave galliforme; en el sentido de que el instrumento grande y grueso es la guacharaca hembra, en tanto que el de longitud mediana, de aproximadamente un metro, es la guacharaca macho; de la misma manera, la guacharaca ave galliforme hembra es más grande que la macho; lo cual confirmaría lo dicho por Eusebio Ayala.

Mientras la guacharaca hembra costeña era larga, podría decirse que la guacharacha andina o carraca era macho, dado que por esos mismos tiempos, su longitud era mediana, de un metro aprox.; tal como se desprende del "Informe de los exploradores del territorio de San Martín", elaborado por una comisión designada por el gobierno del Estado Soberano de Cundinamarca para recoger muestras de productos naturales exportables para exhibirlos en la exposición nacional de ese año, así como enriquecer el naciente museo natural establecido en Bogotá. La comisión estuvo integrada por los naturalistas José María Gutiérrez de Alba, Romualdo Cuervo, el profesor de ciencias naturales de la recién creada Universidad Nacional (creada en el año 1867) Nicolás Sáenz y el naturalista Carlos Michelsen Uribe. La exploración se realizó entre el dos de enero y el seis de marzo de 1871, siguiendo la ruta La Mesa, Anapoima, Tocaima, Girardot, El Espinal, Guamo, Saldaña, Purificación, Río Prado... 

El viernes seis de enero después de realizar observaciones meteorológicas en La Mesa, Anapoima y Portillo (corregimiento de Tocaima), llegaron a un punto llamado Piamonte, más adelante de Tocaima. Ese día celebraban en la región "la conmemoración de Los Tres Reyes de Oriente", con la fiesta del bunde, cuya observación es descrita por los expedicionarios en el informe referenciado, en el que se habla de un conjunto de tres músicos que amenizan la fiesta, uno de los cuales con un tambor, otro con un tiple y el tercero, raspaba una carraca o guacharaca hecha de la palma chonta, de un metro de largo, con incisiones transversales paralelas y dos rajaduras longitudinales. el raspado se hacía con una costilla de hueso, cuyo sonido era parecido al canto de la guacharaca. También se llamaba carraca porque el primer modelo que se tuvo fue el de la mandíbula de algún vertebrado. La cita completa y textual se puede observar en la imagen siguiente.

Regresando a lo expresado por Candelier, su descripción de la cumbiamba observada constituye la evidencia documental más antigua conocida en el marco de este trabajo, sobre la práctica de un conjunto de música de acordeón del Caribe colombiano. Su ubicación en el tiempo es coherente con la información del ingreso al país de los primeros acordeones, ocurrido, según Viloria (2017:9), entre 1869 y 1870. Podría considerarse que a partir de esta detallada descripción comienza la historia documentada de la música de acordeón del Caribe colombiano.

Casi de modo concurrente en el tiempo, son las observaciones del riohachero Florentino Goenaga, quien, según el investigador Joaquín Viloria de la Hoz, escribió en 1893 sobre las cumbiambas de Perebere, caserío cercano a Matitas en el actual departamento de La Guajira. Según Viloria: 

"Goenaga observó el uso de instrumentos como el acordeón, la guacharaca y un pequeño tambor, todos hábilmente ejecutados. Durante el baile de la cumbiamba, y como un acto de galantería, los jóvenes le entregaban velas encendidas a sus parejas (Goenaga, 1915: 155 y 160, citado Por Viloria, 2017:35 ). 

En 1896, es el explorador francés, Vizconde Joseph de Brettes, quien describe otra cumbiamba que observó en la zona bananera, específicamente en la población de Río Frío. Su descripción es muy similar a la de Candelier, con la diferencia de que el conjunto de música de acordeón observado, en lugar de guacharaca utilizaba un guache (lata llena con piedras) (Viloria, 2017:37-38). Brettes también habla de guacharaca en su texto, lo que sugiere que para esta zona del Magdalena se usaba tanto guacharaca como guache. Estas mismas cumbiambas también fueron observadas por de Brettes en Aracataca. 

En 1936, es el escritor y periodista guamalero, Antonio Bruges Carmona, quien en un extenso artículo publicado en el Diario El Tiempo, describe los merengues, como también se le llamaba a la cumbiamba, en los siguientes términos:

“Se baila en círculos alrededor de los músicos. Las parejas se agarran, unas veces la mujer lleva en alto un paquete de velas y van marcando la danza que traza el golpe seco de una tambora pequeña que toma el nombre de caja. Tá-pundá…tá-pundá…purrundá-purrundá va marcando el tamborito asesorado por un acordeón y por una guacharaca. A veces hay guaches en sacudidas constantes aprestigiando de sonoridades el baile” (Bruges, 1936).

Esta descripción evidencia la continuidad de la organología primigenia de la música de acordeón y su carácter popular. La consideración de los nombres cumbiamba y merengue como sinónimos la confirman, entre otros, Alejandro Durán, Luis Zuleta Ramos, y Pureza Vence Bolaño en entrevistas dadas al historiador Tomás Darío Gutiérrez, en la que afirman:

Alejandro Durán (nacido en 1919): "Antes en El Paso, lo mismo que por aquí por el Valle, también se le llamaba merengue a una cumbiamba" (Gutiérrez, 2014: 619).

Luis Zuleta Ramos (nacido en 1922): "Antes también se le llamaba merengue a la cumbiamba, era una fiesta en donde la gente bailaba alrededor del conjunto" (Gutiérrez, 2014: 630).

Pureza Vence Bolaño (nacida en 1904): "El merengue era la misma cumbiamba, la gente bailaba alrededor de la música" (Gutiérrez, 2014: 638).

En 1947, Gnecco Rangel Pava describe las cumbiambas presentes en la Depresión Momposina y en la planicie aluvial del Bajo Magdalena en las primeras décadas del siglo XX; en la que observa un patrón similar al de las descripciones anteriores, con la diferencia de que se usaba indistintamente acordeón o millo (Viloria, 2017).

Aunque las descripciones anteriores se refieren a cumbiambas observadas en el antiguo territorio del Magdalena Grande, esta fiesta popular ocurrió en todo el Caribe colombiano, quizás con algunas variaciones subregionales en los instrumentos utilizados por los conjuntos que amenizaban el jolgorio popular. Ismael Correa Díaz-Granados al referirse a las fiestas cienagueras de los años años 1876-1880, expresa que estas se hacían con "acordeones, concertinas, bandolas y tambores, interpretados por músicos como Octavio Castillo, Emilio Ahumada, Agustín Melo, Ismael Montero y Julio Fornaris" (Correa (1993: 15, citado por Viloria, 2017:37).

En el caso del territorio del antiguo Bolívar Grande las cumbiambas también fueron comunes desde el siglo XIX. En Córdoba, la memoria de la cumbiamba se ha mantenido viva aún en el siglo XXI, gracias al Festival Nacional de la Cumbiamba que se realiza anualmente en la ciudad de Cereté (Córdoba), desde los años ochenta del siglo pasado; con el que se busca rescatar la tradición y transferirla a las nuevas generaciones. 

En las cumbiambas sinuanas se utilizaban los tambores y gaitas: el pito cabeza de cera y la tambora. También se les llamaba bailes de cumbia (Amador, sf). En 1996 se realizó el noveno festival en el que los conjuntos de gaita concursaron en los ritmos de porro, cumbia y puya, utilizando la gaita corta, tambor hembra o alegre, tambor macho o llamador, tambora y maracas. Incluyó alborada cumbiambera, desfile de comparsas, presentaciones en tarima de danzas, décimas costumbristas, gritos de monte y cantos de vaquería (Amador sf: 245-248). En 1999 se realizó el XII Festival Nacional de la Cumbiamba, tal como quedó reseñado en el periódico El Tiempo del 27 de marzo de ese año, donde se señala la participación de grupos de gaitas y comparsas de Atlántico, Magdalena, Cesar, Bolívar, La Guajira y Sucre. 

En estos días de abril de 2025 se está realizando la versión XXXIII del Festival, cuyas actividades se resumen en el vídeo que se muestra a continuación; producido por Enfoque Audiovisual Producciones, realizado por Álex Gómez, con el apoyo de la Fundación Sociocultural Cumbiamba de Cereté y la Alcaldía de Cereté.

Festival Nacional de la Cumbiamba, versión XXXIII, abril de 2025

Fuente: Página de Facebook de la Fundación Sociocultural Cumbiamba de Cereté 

2. GRABACIONES DE MÚSICA ANDINA EN ACORDEÓN

Antes de que se grabara el primer disco de música de acordeón en el Caribe colombiano, ya se había comercializado este tipo de música en la región andina como lo demuestra Massiris (2023: 145). En efecto, el rastreo realizado por este autor le permitió encontrar información de 20 piezas de música andina en acordeón, grabadas y comercializadas en la primera mitad del siglo XX, por tres agrupaciones musicales, así: El Cuarteto Don Pablo 13 canciones, el Grupo Ramón Carrasco 6 y el Conjunto Ruiz del Castillo 1; las tres agrupaciones tienen en común el uso del acordeón a piano.

2.1 Cuarteto Don Pablo. 1934-1935

El Cuarteto Don Pablo fue una agrupación dirigida por Pablo Baquero, quien actuó como acordeonista en 13 piezas musicales, 10 de ellas de su autoría, prensadas por la RCA Victor en Nueva York entre 1934 y 1935 (Tabla 1); incluyen 12 pasillos y un bambuco. Dos de estas canciones se dedican a los expresidentes Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo, quienes gobernaron al país entre 1930-1934 el primero y entre 1934-1938 el segundo. En la interpretación de ocho de las piezas se utilizó guitarra, acordeón, güiro y tiple y en las cinco restantes se prescindió del güiro, tal como se observa en la Tabla 1. A continuación, el lector podrá escuchar dos de las canciones del Cuarteto Don Pablo.

Cuarteto Don Pablo. Que si señora. 1934
Fuente: YouTube, La Sevilla-2423

Cuarteto Don Pablo. El trapiche. 1934
Fuente: YouTube, Inolvidables del ayer, Vol. 5

2.2. Grupo Ramón Carrasco. 1936

El Grupo Ramón Carrasco, por su parte fue una agrupación musical dirigida por Ramón Carrasco, quien en el catálogo de Richard K. Spootswood aparece como colombiano. De esta agrupación se documentaron seis piezas de música de acordeón, prensadas en Nueva York en el año 1936 por la RCA Victor (Tabla 1). En la instrumentación, se utilizan dos guitarras, tiple y acordeón a piano. Cuatro de estas canciones fueron grabadas en ritmo de pasillo y las otras dos aparecen registradas como canción. A continuación el lector podrá escuchar los audios de dos de estas canciones y observar la información de la Tabla 1.

Grupo Ramón Carrasco. Desilusión. 1936
Fuente: Youtube, discoteca de Álvaro Guzmán Vélez

Grupo Ramón Carrasco. Engaño. 1936
Fuente: YouTube, Grabaciones de música colombiana, Vol. 1 (1920-1950)


A continuación se muestran marbetes de algunas de las canciones de estos dos grupos obtenidos gracias al generoso aporte del coleccionista Sergio Quiroz Ochoa de la Corporación de Coleccionistas Música de Envigado "Daniel Uribe".


No fue posible encontrar imágenes de estas dos agrupaciones musicales, sin embargo, una aproximación visual a los conjuntos tradicionales andinos de música de acordeón, de la primera mitad del siglo XX, la puede dar el conjunto Calandria, dirigido por el acordeonista caleño Luis Ángel Londoño, conocido artísticamente como Colis Londoño. La imagen que se muestra a continuación, corresponde a un disco de larga duración grabado originalmente por el Conjunto Calandria para Discos Fuentes en el año 1963, remasterizado e impreso posteriormente en formato de CD.
Fuente: Cortesía de Fabio Nelson Ortiz.

2.3. Conjunto Ruiz del Castillo

El Conjunto Ruiz del Castillo fue una agrupación musical dirigida por el acordeonista y cantautor paisa Arturo Ruiz del Castillo (1917-2015), quien tuvo una vasta trayectoria artística en la que incursionó en todo el espectro musical colombiano, al grabar tanto ritmos andinos como costeños y, especialmente, música parrandera paisa. En su producción discográfica aparece uno de los primeros paseos grabados en la historia de la música de acordeón del país, titulado “Ospina Pérez”, del compositor Rafael Vanegas, dedicado a promocionar la campaña política del entonces aspirante a la Presidencia de la República de Colombia, Mariano Ospina Pérez, quien había sido proclamado como candidato por el partido conservador a comienzos de abril de 1946, debiendo hacer una campaña corta para los comicios que se realizaron el 5 de mayo de ese mismo año, en el que fue elegido como presidente para el cuatrienio 1946-1950.

La interpretación del paseo “Ospina Pérez” se hizo en el formato instrumental de guitarra, guacharaca y acordeón a piano, interpretada por Alonso Álvarez con el acordeón de Arturo Ruiz del Castillo. El fonograma aparece bajo el  sello Arpa. La grabación fue realizada en el año 1946 en alguna emisora antioqueña con fines de proselitismo político en favor de la candidatura a la presidencia de Mariano Ospina Pérez y, en los años cincuenta, prensado en el sello Arpa, siendo el primer disco impreso bajo este sello, el cual, según Carlos Alberto Echeverry (q.e.p.d.) estuvo activo en Medellín en 1950. Elementos iconográficos, tipográficos y documentales aportados por Fabio Nelson Ortiz Moncada, miembro de la Corporación coleccionistas de música de Envigado, apuntan a que el disco fue prensado por la casa discográfica Silver, idea que también comparte el coleccionista Pedro Ricardo Rodríguez. A continuación, el lector podrá escuchar el audio de la canción en referencia y observar imágenes de su autor, así como del marbete del disco.

Conjunto Ruiz del Castillo. Ospina Pérez (paseo). 1946
Fuente: Fabio Nelson Ortiz Moncada, Corporación coleccionistas música de Envigado.


2.4 Relaciones entre la música de acordeón andina y costeña

Las grabaciones del cuarteto Don Pablo y del Grupo Ramón Carrasco permiten una aproximación al sonido del acordeón ejecutado por los acordeonistas del Caribe colombiano cuando tocaban pasillos, bambucos y valses, ritmos que hacían parte de su repertorio en la primera mitad del siglo XX, junto con otros aires norteamericanos y europeos como el fox-trot, mazurca, polca, y pasodoble, entre otros; muy frecuentes en las denominadas colitas o fiestas populares que se realizaban al finalizar los bailes de las élites en el Magdalena Grande.

La ejecución de aires andinos por acordeonistas errantes caribeños de la primera mitad del Siglo XX ha sido evidenciada en diversas entrevistas realizadas a viejos acordeonistas o a sus familiares. El trovador Juan Muñoz, por ejemplo, decía que Chico Bolaño tocaba de todo ritmo colombiano o extranjero (Araujo, 1986; citada por González, 2007: 83-84). Francisco “Chico” Bolaño (1902-1962) fue un respetado acordeonista de la Provincia de Padilla a quien se le atribuye haberle dado, en gran parte, la identidad a los aires vallenatos (Oñate Martínez, 2003: 31). El músico Luis Zuleta Ramos (Lucho Zuleta) decía que “aquí los acordeonistas tocaban valses, mazurcas, pasodobles, foxtrot, pasillos y todo eso. Precisamente eso era lo que hacía la diferencia entre una colita y una cumbiamba, porque en las cumbiambas sólo se tocaban cosas de aquí, como merengues, puyas y sones; en cambio, en las colitas se tocaban esos aires extranjeros” (Gutiérrez Hinojosa, 2014: 631).

En el contexto anterior, no resultan extrañas ciertas confluencias entre la música andina y la música de acordeón costeña. Massiris (2023) identificó evidencias de estas confluencias entre  canciones andinas y costeñas de música de acordeón, en cuyas melodías y/o letras aparecen elementos comunes. 

Un primer caso es el del bambuco titulado “Gato libre” (Victor 82618), de autoría de Clotilde Arias, interpretado por el trío vocal integrado por Luis Valente, Miguel Cáceres y Antonio Francés, prensado por el sello Victor el 7 de abril de 1937, como consta en la ficha catalográfica de la Discography of American Historical Recordings (DAHR). En dicha canción se encuentran, partir del minuto y 57 segundos unos versos y melodía similares a unos de la emblemática canción de Tobías Enrique Pumarejo “No llores corazón" ("Callate corazón”), como se observa a continuación:

Versos de Gato Libre (Clotilde Arias), 1937:

La pena y la que no es pena todo es pena para mi
ayer penaba por verte y hoy peno porque te vi (bis)

A continuación, se puede escuchar el audio

Gato libre. Cáceres y Valente. 1937
Fuente: Apple Music

Versos de "No llores corazón" ("Callate corazón") de Tobías Enrique Pumarejo. Tomados de la primera grabación realizada en el año 1956 por Luis Enrique Martínez (Popular, 912):

Una pena y otra pena son dos penas para mí
ayer lloraba por verla y hoy lloro porque la vi (bis)

El segundo caso involucra la canción andina titulada “El guatecano” y las canciones de música de acordeón costeña "La ceiba de Villanueva" y "El polvorete". La primera es un torbellino de autoría de Alejandro Wills, al que ya nos habíamos referido antes, interpretado por la agrupación “Los Llaneros”, prensado en Nueva York, el 24 de enero de 1939 (Victor 82616). En dicha canción se encuentra el siguiente estribillo:

Adiós, paloma que no hay gavilán que se la coma
que no hay gavilán que se la coma
que no hay gavilán que se la coma

Esta pieza musical fue grabada originalmente en el año 1913 en formato instrumental y ritmo de torbellino con el nombre "Torbellino guatecano" (Victor 65886); interpretado por el Cuarteto Nacional dirigido por Jorge A. Rubiano quien, además, tocó la bandurria, Alberto Escobar (tiple), Forero (pito de caña de millo) y Alejandro Wills (guitarra); y la autoría del compositor, flautista, pianista y arreglista bogotano Emilio Murillo, tal como aparece en la ficha catalográfica de la DAHR. 

En 1927 fue versionada por primera vez, con el título "El guatecano" por la Orquesta Internacional del sello Victor (Victor 80291), en formato instrumental, manteniendo la autoría de Emilio Murillo. En 1928 fue nuevamente versionada, esta vez por el dúo vocal integrado por el barítono Antonio P. Utrera y el tenor José Moriche, con el título "El guatecano" (Victor 46125), en ritmo de torbellino y la autoría de Emilio Murillo. En esta versión aparece la canción por primera vez con letra.

En 1936, apareció una tercera versión, en ritmo de bambuco y formato vocal, con la misma letra de la versión anterior, interpretada por la Estudiantina Colombiana (Victor 32912).

En 1939 aparece la cuarta versión interpretada por Los Llaneros con el nombre "El guatecano", en ritmo de torbellino, en la que la autoría aparece a nombre de Alejandro Wills con arreglos de Simón Serrate. En este mismo año de 1939 salió una quinta versión interpretada por el dúo vocal de la soprano barranquillera Sarita Herrera y el barítono Federico Jimeno, integrantes del grupo "Gemelos colombianos", en ritmo de bambuco (Victor 82709). En esta versión se mantiene la autoría de Emilio Murillo.

Es en la cuarta versión de "Los Llaneros" en la que, manteniendo la melodía original de Murillo se cambia la letra, la cual se reduce solo al estribillo antes señalado. Esta versión aparece registrada a nombre de Alejandro Wills. A continuación se puede escuchar el audio de esta cuarta versión.

El guatecano (cuarta versión). Los Llaneros. 1939
Fuente: Youtube, Fidel Alejandro Leottaou Beleño

El estribillo que aparece en la canción se repite con una pequeña variación en la emblemática canción de Rafael Escalona "La ceiba de Villanueva", como se evidencia en la interpretación grabada por Alfonso "Poncho" Zuleta con Alberto "Beto" Villa, incluida en el álbum "Dos dinastías" (CBS 142194) prensado en el año 1988; en el que dice:

Pero ay, paloma que no hay gavilán que a ti te coma
que no hay gavilán que a ti te coma
que no hay gavilán pa esa paloma

Algo similar ocurre en la canción "El polvorete" de autoría de Manuel Antonio González, en cuya interpretación de Lucy González y Lucho Campillo con el Conjunto Los Reales Orenses, dice:

ya verás paloma que no hay gavilán que a ti te coma
que no hay gavilán que a ti te coma
que no hay gavilán que a ti te coma

3. FRANCISCO “PACHO” RADA Y ÁNGEL MARÍA CAMACHO Y CANO: PRECURSORES DE LAS GRABACIONES FONOGRÁFICAS DE MÚSICA DE ACORDEÓN COSTEÑA. 1937

El concepto de precursor aplicado a Camacho y Cano y Pacho Rada en este trabajo se entiende como los actores que anunciaron con la primera grabación fonográfica no comercial, el advenimiento de las grabaciones comerciales de música de acordeón que ocurriría varios años después de la mano de pioneros que iniciaron el camino de dichas grabaciones. Se establece, en ese sentido, una diferencia entre precursores y pioneros. A continuación, se hace un análisis del aporte de estos precursores.

3.1 Primera grabación de un disco de música de acordeón

Testimonios orales recogidos en entrevistas realizadas a Francisco “Pacho” Rada Batista (1907-2003) por los investigadores Rito Llerena, Marina Quintero y Angélica Romero en el año 1985 y por Julio Oñate Martínez (Oñate 2003 y 2014), entre otros; dan cuenta de una grabación fonográfica no comercial realizada en el año 1937, de dos canciones interpretadas por el acordeonista magdalenense Francisco Rada Batista, más conocido como Pacho Rada, acompañado en la caja por el pianista, acordeonista, cantautor y productor musical bolivarense Angel María Camacho y Cano (1901-1993) y en la guacharaca por Mercedes Alandete (Oñate Martínez, 2025), quien en ese mismo año de 1937 había contraído matrimonio con Camacho. La producción estuvo a cargo de  Camacho y la grabación se realizó en la emisora La voz de la Patria en el Programa “La hora de todo un poco” dirigido por Camacho y Cano (Oñate Martínez, 2003:317). 

Las piezas grabadas fueron la cumbia instrumental “la sabrosita” y el son vocal “El botón de oro”, fijadas en un disco de corta duración que no perduró a través del tiempo, razón por la cual no existe evidencia física, ni visual o auditiva de aquella memorable grabación. A mediados de los años noventa, el investigador, Julio Oñate Martínez presentó a Pacho Rada en el Programa “Mundo Vallenato” que Oñate dirigía en Telecaribe; en el cual hizo que Rada tocara la cumbia “La sabrosita”. Lamentablemente muchos de los casetes de los archivos de Telecaribe se dañaron con el tiempo, por la humedad y, dentro de ellos, el que contenía la grabación del programa de Rada con Oñate Martínez (Oñate Martínez, 2025).  

En el caso de “El botón de oro”, Pacho Rada contó a los investigadores Llerena, Quintero y Romero en la entrevista antes referenciada, la historia de esta canción en los siguientes términos:

“Fue en una finca que llamaban ‘Calle larga’, el dueño llamaba Aníbal Peña. Él festejaba allá la fiesta de la Virgen del Carmen, el dieciséis de julio…entonces me buscaron pa tocá la fiesta y entonces to e mundo, como cuando decían ‘ahí va Pacho Rada’, ahí no había quien se quedara en las posesiones por ahí cerca. Fuimos a la fiesta. Y en esa fiesta fue una muchacha que llamaban Elvira Núñez y otra que llamaban Rebeca Lora…usted sabe que las mujeres en la mañana cuando pasaban así en esos bailes, en la mañana toas salían a cambiarse. Entonces esas mujeres se metieron pa el cuarto a cambiarse y yo estaba en la sala ahí tocando con las amistades mías, ahí tocando el acordeón. Cuando salieron esas mujeres de aentro, salió rebeca Lora con unos botones aquí en el pecho que tenían color de plata, y entonces Elvira Núñez salió con dos botones que tenía color de oro, eran como oro. Entonces yo cuando ellas salieron yo me impresioné en ve las mujeres y ahí mismo vi los dos números de los botones, entonces yo compuse mi son. En la canción yo digo que yo quería tené amores con toas dos.” (Llerena, 1985: 173).

A mediados de los años setenta, Pacho Rada realizó una regrabación de este son, el cual constituye un testimonio de aquel hecho histórico de 1937. La canción fue grabada por Discos Fuentes  e incluida en el álbum “Los Grandes del vallenato Vol. 2” (Fuentes LP-200946), prensado en el año 1974. A continuación, se puede escuchar el audio. 
El botón de oro. Pacho Rada. 1974
Fuente: Discos Fuentes LP-200946

Toda esta fuerza testimonial convierte a esta grabación en un hito en la historia de la música de acordeón en el Caribe colombiano y convierte a sus protagonistas en precursores de las grabaciones fonográficas comerciales de dicha música, destacando a Camacho y Cano como el primer cajero en la historia de las grabaciones de música de acordeón y a Mercedes Alendete como la primera guacharaquera.

Respecto a estos precursores, sobre Pacho Rada es ampliamente reconocida su labor como acordeonista errante en la primera mitad del Siglo XX. En sus inicios andaba solo con su acordeón y su voz por los pueblos ribereños del Magdalena y así llegó a Barranquilla, a la Voz de la Patria, a la grabación descrita antes. Sus andanzas o correrías por el Magdalena Grande aparecen contadas en detalle por el mismo Rada, en la entrevista realizada por Rito Llerena, Marina Quintero y Angélica Romero, antes referenciada. Es, indudablemente, un ícono de la música de acordeón del Caribe colombiano.

A Camacho y Cano, por su parte, no se le ha reconocido suficientemente su protagonismo como precursor de la grabaciones fonográficas de música de acordeón, como tampoco su papel en la difusión de esta música en momentos en los que era despreciada y subvalorada, por las élites del Magdalena, incluida las de Valledupar; tampoco ha sido suficientemente valorado su papel en la enseñanza en la ejecución del acordeón a través de su academia e instituto musical en los que formó a muchos acordeonistas. 

El reconocimiento a Camacho y Cano se ha concentrado en su magna obra discográfica grabada entre los años 1929 y 1931, en Nueva York, que lo catapultó como el primer músico del Caribe colombiano en difundir internacionalmente los ritmos populares costeños, en un volumen altamente apreciable. Así aparece en los principales estudios académicos que han tratado su vida y obra, destaco los trabajos de Julio César Oñate Martínez y Enrique Luis Muñoz Vélez “Angel María: de Arenal a Nueva York”, en el que estos dos colosos investigadores juntaron sus archivos documentales, recursos metodológicos y conocimientos para elaborar un valioso testimonio de la vida y obra de Camacho y Cano; asimismo, el muy documentado y laureado trabajo de investigación de Pablo Emilio Almarales Blanco “Configuración del imaginario sonoro costeño y sus resonancias estéticas en la obra de Ángel María Camacho y Cano”, realizado para optar al título de Magister en Historia del Arte en la Universidad de Antioquia y el estudio publicado por Ángel Massiris Cabeza “Producción fonográfica de música caribeña colombiana en la primera mitad del siglo XX”, en el que este autor destina un espacio significativo al análisis de la extensa obra discográfica de Camacho y Cano, particularmente las 114 canciones grabadas en Nueva York por los sellos Brunswick, Victor y Columbia.

La poca difusión del papel de Camacho y Cano en la historia de la música de acordeón justifica profundizar en esa otra faceta de este insigne artista caribeño, como a continuación se hace.

3.2 Aportes de Camacho y Cano a la difusión de la música de acordeón

En la imagen siguiente se observa a Camacho y Cano posando con un acordeón a piano en Medellín, en el año 1928. 

Camacho y Cano, Medellín, 1928. Fuente: Archivo de Hernán Restrepo Duque, cortesía: archivo conjunto J.C. Oñate Martínez; E.L. Muñoz Vélez y P.E. Almarales Blanco.

Esta imagen evidencia que para este artista, el acordeón no fue un instrumento extraño y plantea la hipótesis de su uso en algunas de las 114 piezas musicales o vocales grabadas por éste en Nueva York entre 1929 y 1931. 25 de estas piezas fueron analizadas por el maestro Ismael Rudas Mieles en el año 2022, en la búsqueda de establecer la instrumentación utilizada y apreciar la expresión rítmica de sus canciones; dicho trabajo lo realizó el maestro Rudas en el marco del estudio realizado por Massiris Cabeza, antes mencionado. El resultado no fue exitoso en materia de presencia de acordeón en las interpretaciones de esas 25 canciones, pero esto podría cambiar en el futuro, cuando se examinen las 89 grabaciones restantes. La hipótesis sigue vigente.  

Si bien aún no se tienen evidencias suficientes de Camacho y Cano como acordeonista, si existen respecto a su labor difusora y formadora en esta música. Dos hechos sustentan esta última afirmación, los cuales se examinan a continuación.

El primero, es la ya referida participación de Camacho y Cano en la primera grabación de música de acordeón descrita antes, en la que actuó como cajero y productor musical, hecho corroborado por el mismo Pacho Rada en la entrevista realizada por Llerenas, Quintero y Romero en el año 1985; en la que Rada enfatiza la mala calidad de la grabación, debido a daños en la grabadora utilizada por Camacho, la cual fue enviada a Estados Unidos para que la arreglaran. Hasta ese momento, dice Rada, Abel Antonio Villa no había grabado ningún disco (Llerenas, 1985). Julio Oñate Martínez en sus investigaciones también corrobora la participación de Rada, Camacho y Alandete en aquella primera grabación no comercial; textualmente afirma en su libro “Los secretos del vallenato”:

“El primer registro fonográfico que señala la historia del vallenato tiene a Pacho Rada como protagonista, y se cristalizó en 1937 en los estudios de La Voz de la Patria, en Barranquilla, bajo la dirección del maestro Ángel María Camacho y Cano. Dicha grabación se divulgó en el espacio “De todo un poco” que diariamente se emitía de 5 a 6 de la mañana por esta emisora. Dos temas fueron el punto de partida de nuestra fonografía, el son “El botón de oro” y la cumbia “La sabrosita”, que tuvieron el acompañamiento de Camacho en la caja y su esposa Mercedes Alandete en la guacharaca. Esta grabación se plasmó en un acetato no comercial que la misma aguja del tocadiscos, con el uso, se encargó de silenciar” (Oñate, 2014:46). 

El interés de Camacho y Cano por la divulgación de la música de acordeón lo llevó a contratar a Pacho Rada como artista de planta de su programa “La hora de todo un poco” por una larga temporada, entre año y medio y dos años como lo afirma Oñate Martínez (2025); también invitó, según Minsk y Stevenson (2009:99) a los acordeonistas Abel Antonio Villa y Lorenzo Morales. 

A finales de los años treinta, el programa “la hora de todo un poco” gozaba de una gran audiencia y un alto prestigio logrado gracias a sus concursos musicales, presentaciones en vivo de artistas populares y la variedad de temas presentados con mucho ingenio por Camacho y Cano. Una evidencia de esto la constituye el testimonio del escritor Gabriel García Márquez (1927-2014), quien de niño participó en uno de los concursos musicales de dicho programa; narrado por este ilustre escritor en el libro de sus memorias “Vivir para contarla”, en la que dice textualmente:

Mi programa favorito era 'La hora de todo un poco' del compositor, cantante y maestro Ángel María Camacho y Cano, que acaparaba la audiencia desde la una de la tarde con toda clase de variedades ingeniosas, y en especial con su hora de aficionados para menores de quince años…El maestro Camacho y Cano en persona acompañaba al piano y un asistente suyo cumplía con la sentencia inapelable de interrumpir la canción con una campana de iglesia cuando el aficionado cometía un ínfimo error. El premio para la canción mejor cantada era más de lo que podíamos soñar -cinco pesos-, pero mi madre fue explícita en que lo más importante era la gloria de cantarla bien en un programa de tanto prestigio…Me hicieron vestir de blanco como en la primera comunión, y antes de salir me dieron una pócima de bromuro de potasio. Llegué a La Voz de la Patria con dos horas de anticipación y el efecto del sedante me pasó de largo mientras esperaba en el parque cercano porque no me permitían entrar en los estudios hasta un cuarto de hora antes del programa. Cada minuto sentía crecer dentro de mí las arañas del terror, y por fin entré con el corazón desbocado…El maestro me hizo una prueba rápida con el piano para establecer mi tono de voz. Antes llamaron a siete por el orden de inscripción, les tocaron la campana a tres por distintos tropiezos y a mí me anunciaron con el nombre simple de Gabriel Márquez. Canté ‘El cisne’, una canción sentimental sobre un cisne más blanco que un copo de nieve asesinado junto con su amante por un cazador desalmado. Desde los primeros compases me di cuenta de que el tono era muy alto para mí en algunas notas que no pasaron por el ensayo, y tuve un momento de pánico cuando el ayudante hizo un gesto de duda y se puso en guardia para agarrar la campana. No sé de dónde saqué valor para hacerle una seña enérgica de que no la tocara, pero fue tarde: la campana sonó sin corazón” (García Márquez, 2004: 183-184).

El estilo de realización del concurso descrito por García Márquez es similar al que en diciembre de 1937 inició la emisora CMQ en Cuba, llamado "la corte suprema del arte" en la que también había un campanero a quien llamaban "sacristán", encargado de sonar la campana que daba por terminada la interpretación. El solo nombre ya exigía que, muy seguramente, los concursantes se tomaran su pócima doble de bromuro de potasio de la que habla el nobel de literatura. En este concurso participó Celia Cruz ganando varios premios menores hasta obtener el premio mayor de 15 dólares, interpretando el tango "Nostalgias".

Camacho, Rada y Alandete, los protagonistas de la primera grabación referenciada, se reencontraron en el año 1990 como lo testimonian las fotografías que se muestra a continuación. 

Camacho y Cano (izquierda), Pacho Rada (centro) y Mercedes Alandete (derecha). Foto archivo conjunto J.C Oñate Martínez & E.L. Muñoz Vélez. 1990.
Camacho y Cano (izquierda), Pacho Rada (derecha). Foto archivo conjunto J.C Oñate Martínez & E.L. Muñoz Vélez. 1990

 Estas fotos fueron tomadas por el maestro Julio Oñate Martínez, las cuales constituyen un valioso testimonio, a posteriori, de aquel memorable encuentro para la grabación de 1937.

Julio Oñate Martínez (izquierda), Pacho Rada (centro), Mercedes Alandete (derecha). Foto archivo conjunto J.C Oñate Martínez & E.L. Muñoz Vélez. 1990

El segundo hecho indicativo del aporte de Camacho y Cano a la música de acordeón, lo constituye la labor formativa realizada por éste a través de su Academia de música primero y después también a través del Instituto Musical Costeño. 

La academia fue creada por Camacho inicialmente en Sincelejo, en el mayo de 1924, en la que impartía cursos de aprendizaje de ejecución del acordeón, entre otros instrumentos. Dicha labor se extendió a Montería donde fue invitado por el prestante médico y filántropo  Miguel R. Méndez (1869-1961), fundador del emblemático Club Montería en el año 1917 y presidente del mismo durante 28 años. En Montería Camacho estuvo más de un año como lo señaló en entrevista publicada en la "Revista Porro y Folclor" (clic para ver). Su labor docente se interrumpió al viajar a Nueva York en noviembre de 1929 en donde estuvo hasta 1931. A su regreso tuvo una breve estancia en La Habana (Cuba) en 1931 atendiendo un contrato (Betancur, 1999:158) y algún tiempo en Cartagena donde trabajó desde 1932 acompañando a artistas famosos que se presentaban en el Teatro Rialto, el más importante en aquel entonces en el Caribe colombiano, que se había inaugurado en 1927. Una evidencia de esto la constituye una noticia de prensa aparecida en el diario El Tiempo, en su edición del 20 de diciembre de 1932, en la que se da cuenta de la presentación de los famosos bailarines húngaros Yola y Paúl en el Teatro Rialto de Cartagena con el acompañamiento al piano del maestro Camacho y Cano. Los bailarines cumplían una temporada en Cartagena, en el marco de su gira por Suramérica, la cual debió suspenderse debido a una fractura de la mano izquierda de Camacho, resultado de una agresión física recibida como consta en la nota periodística que se muestra a continuación.

En el año 1936, Camacho retoma su trabajo formativo en la academia de música en Barranquilla, impartiendo cursos para la ejecución de distintos instrumentos: flauta, piano, acordeón de botones o diatónico, acordeón de teclado o a piano, guitarra, tiple y cuatro, entre otros. El ejercicio de la enseñanza de la ejecución del acordeón impartida por el profesor Camacho y Cano lo llevó a crear como recurso didáctico, un método o guía de enseñanza para la ejecución del acordeón de tres hileras que comenzó a usarse en la música de acordeón costeña en los años cincuenta. Una evidencia de este método se observa en la siguiente imagen.
Fuente:  Archivo de Pablo Almarales Blanco, Cortesía de E.L. Muñoz Vélez

Pero Camacho no solo creó esta academia, también fundó el Instituto Musical Costeño en Barranquilla, en el año 1947, con una capacidad de 60 alumnos como consta en la ficha descriptiva que aparece en el Directorio Musical de América Latina de la Unión Panamericana. En la siguiente imagen se muestra la portada del directorio y la ficha descriptiva mencionada.

4.  GRABACIONES COMERCIALES DE MÚSICA EN ARMÓNICA. 1944-1945

Las grabaciones comerciales de música en armónica o “violina” como se le conoce popularmente, o dulzaina como también se le ha denominado de modo erróneo; constituyen el antecedente más inmediato del inicio de las grabaciones comerciales con la organología tradicional liderada por el acordeón de botones o diatónico. Ángel Massiris Cabeza, en su libro “Historiografía de producción fonográfica del Caribe colombiano en la primera mitad del siglo XX”, documenta siete canciones en las que la función melódica es realizada por la armónica, con el acompañamiento de guitarra. El rastreo y cotejamiento documental realizado a la grabación y prensado de estas canciones, llevó a Massiris a ubicar su grabación en Colombia entre los años 1944 y 1945 y su prensado en el año 1945, realizado por el sello RCA Victor en Chile y Estados Unidos. En la Tabla 2 se muestran los datos descriptores de dichas canciones, interpretadas por la agrupación de Peñaranda y sus muchachos, con la guitarra de José María Peñaranda, la armónica de Mario Narváez y la vocalización de Gustavo Rada en algunas canciones y de Peñaranda en otras. 


A continuación, se muestran algunos marbetes de los discos que aparecen en la Tabla 2.

Estas grabaciones se hicieron a través de la Casa Comercial J. Glottmann S.A., agente de la RCA Victor, la cual desde 1943 impulsó la grabación de música costeña. En 1945 fueron prensados los primeros fonogramas en formato de armónica. La grabación de los acetatos matrices fue realizada en Bogotá, en los estudios de las emisoras Nueva Granada y La Voz de Colombia, que prestaban su servicio a J. Glottmann S.A., a través del señor Ciro Vega Aguilera que fungía como jefe del departamento de discos de esta empresa (Restrepo Gil, 2018).

La armónica no era, para esa época, un instrumento extraño a la cultura musical costeña. Investigadores como Julio Oñate Martínez y Egberto Bermúdez han aportado evidencias acerca del uso de este instrumento en la cultura musical de nuestra región. Oñate Martínez, por ejemplo, afirma que por el Puerto de Riohacha entraron “montones” de armónicas en la primera mitad del siglo XX y cita a Leandro Díaz quien, en su adolescencia, a comienzos de los años cuarenta, ya se lucía, en su natal Lagunita de la Sierra, tocando este instrumento en las colitas acompañado de bombo, redoblante; asimismo, hacia 1949, Julio Cuadros alegraba las noches de Tocaimo con su armónica (Oñate, 2011). 

Egberto Bermúdez, por su parte, argumenta que, en el Caribe colombiano, la armónica era utilizada desde la década de 1860 para amenizar bailes y acompañar cantos y, para la década del diez del siglo XX, ya se había consolidado su presencia en diferentes estilos musicales. Bermúdez agrega otro dato interesante, el de que hasta 1903, la fábrica Hohner, principal proveedora de los acordeones diatónicos utilizados por los acordeonistas itinerantes solo fabricaba armónicas, comenzado su producción de acordeones a partir de esa fecha (Bermúdez, 2004).

En el marco anterior, es entendible que se usara en el Caribe colombiano, tanto acordeones de botones como armónicas en la década de los años cuarenta, pero fue con este último instrumento que se grabaron las primeras piezas de la música que, posteriormente, se conocería como música vallenata. Massiris (2023) hace un pormenorizado análisis de estas siete canciones, destacando elementos musicales y literarios importantes para comprender el estilo de la naciente música vallenata y su territorialización en las tierras guajiras y magdalenenses.

Las siete canciones, por su origen geocultural y proximidad con la música de acordeón, constituyen evidencias muy valiosas para comprender la naturaleza de la música vallenata en su origen. Allí están las primeras manifestaciones de tres de los cuatro aires que después se adoptarían como vallenatos: paseo, merengue y son. Las letras de estas canciones contienen datos importantes sobre la cultura musical de la Provincia de Padilla y el Magdalena Grande, tales como la naturaleza literaria, las primeras referencias a la denominada “trifonía vallenata”; el tránsito del ballenato con b al vallenato con v con sus implicaciones semióticas e históricas, así como el alcance territorial de la expresión “El valle”, que comenzaba a popularizarse entre los acordeonistas magdalenenses. El lector puede profundizar en estos aspectos en el libro de Massiris (2023) referenciado antes.

5. PRIMERAS GRABACIONES COMERCIALES DE MÚSICA DE ACORDEÓN EN EL CARIBE COLOMBIANO. 1946

5.1 Contexto nacional de la producción fonográfica

En términos generales, el disco de música más antiguo grabado con fines comerciales, en el territorio colombiano y por una empresa colombiana, data del año 1938. Se trata de una grabación realizada en el estudio de la emisora gubernamental HJN, la primera creada en Colombia en el año 1929, denominada posteriormente como Radiodifusora Nacional. Incluye por un lado la canción “Galerón Llanero” acoplado con el torbellino “La india se largó con otro”; ambas de autoría del cantautor, compositor, tiplista y guitarrista bogotano, Alejandro Wills. La interpretación estuvo a cargo de la agrupación “Los Llaneros”, dirigida por Wills (barítono vocal y guitarra), acompañado por los vocalistas N. Rodríguez, Peter Andrade, Pedro Celis y Jorge Andrade. El disco fue prensado en Nueva York, en el Estudio 1 del sello Victor, el 5 de diciembre de 1938, registrado con el número serial 82568, como consta en el catálogo de la Discography of American Historical Recordings de la University of California.

En ese mismo año de 1938, la HJN grabó un segundo disco que incluye el torbellino “El guatecano” y el bambuco "¿Qué hay de Cuchipe?", ambas canciones de autoría de Alejandro Wills e interpretadas también por Los Llaneros. Este segundo disco fue prensado por el sello Victor en el Estudio 1 de Nueva York, el 24 de enero de 1939, catalogado con el numero serial 82616. No existe evidencia documental de otras grabaciones fonográficas comerciales grabadas por empresas colombianas en nuestro territorio, antes de 1938.

5.2 Pioneros de las grabaciones comerciales de música de acordeón costeña

Respecto a los pioneros o iniciadores de las grabaciones comerciales de música de acordeón realizadas por artistas del Caribe colombiano, Ángel Massiris Cabeza documentó en su estudio Historiografía de la producción fonográfica del Caribe colombiano en la primera mitad del siglo XX, 16 canciones grabadas en el año 1946, en la que el acordeón diatónico y la guitarra son los protagonistas. Los datos descriptores de estas canciones se pueden observar en la Tabla 3.


A continuación se muestran algunos marbetes de las canciones descritas en la Tabla 3.



Como se desprende del contenido de la Tabla 3, las agrupaciones musicales pioneras de las grabaciones comerciales de música de acordeón costeña fueron el Conjunto Peñaranda con el acordeón de José Miguel Cuesta, Abelito Villa con Guillermo Buitrago y sus Muchachos, Guillermo Buitrago y sus Muchachos con el acordeón de Alejandro Barros y José Barros con su conjunto Típico.

Las matrices de las 16 canciones interpretadas por estas cuatro agrupaciones fueron grabadas, según Oñate Martínez (2025), en Barranquilla en el Estudio de Foto Velasco, empresa que junto La casa de los discos de Carlos “el Che” Granados, Grabaciones Amórtegui de Víctor Amórtegui y Los Laboratorios Fuentes, eran las más sobresalientes casas grabadoras del Caribe colombiano hacia mediados de los años cuarenta; cuyos acetatos matrices tenían como destino las prensadoras de los sellos Victor y Odeón de Estados Unidos, Argentina y Chile.

Sobre Foto Velasco Massiris (2023) relata su historia, la cual comenzó en el año 1927 cuando el comerciante venezolano Emigdio Mendoza abrió el laboratorio fotográfico “Foto Velasco” en Barranquilla, cuyo alcance amplió en los años treinta, al agregar a la venta de artículos fotográficos: cámaras, rollos, lentes; la distribución y comercialización de rocolas o gramófonos, tubos de radio, amplificadores, micrófonos, parlantes; así como accesorios para la reproducción de grabaciones fonográficas. 

En los años treinta, antes de su vinculación con la Casa Odeón, Emigdio Velasco importaba discos de la RCA Victor, los cuales difundía a través de la emisora de su propiedad, Radio Victor, en Barranquilla, emisora homóloga de la Victor de Bogotá. Hasta el año 1941, cuando crea Emisoras Unidas, su actividad discográfica estuvo centrada en la distribución, difusión y venta de los discos de la RCA Victor; empresa de la que recibía apoyo para la difusión exclusiva de sus discos (Massiris 2023: 109-110). 

En 1942, Velasco vendió Emisoras Unidas al industrial y compositor Rafael Roncallo, liberándose de los compromisos contractuales con la RCA Victor. A partir de 1945, comenzó a grabar acetatos matrices en su estudio Foto Velasco para ser prensados tanto en Odeón como en la RCA Victor de Argentina o Chile, dependiendo de las condiciones de transporte y de otros factores internos, externos y hasta personales, que incidían en el proceso de producción e involucraban tanto al gestor colombiano como a los productores extranjeros (Massiris 2023:110).

Los 8 discos que contiene las 16 canciones mencionadas, fueron prensados por el sello Odeón, 7 en Santiago de Chile y uno en Argentina. El disco prensado en Argentina aparecen canciones interpretadas por José Barros y su Conjunto Típico. Se trata del merengue “El Lagarto” (Odeón 71-079) y el paseo “Golpe de tambora” (Odeón 71-079); las cuales hicieron parte de un repertorio de ocho piezas grabadas en Bogotá por este insigne cantautor magdalenense con su conjunto típico, en las instalaciones de Radio Cristal, con un formato instrumental de guitarra, guacharaca y acordeón. Las dos canciones referenciadas fueron prensadas en Buenos Aires, el 1 de diciembre de 1946, y las seis restantes entre enero y mayo de 1947. En la imagen siguiente se muestra la documentación depositada en el Registro Nacional de Propiedad Intelectual de Argentina, correspondiente al disco que contiene las dos canciones de José Barros y su conjunto típico prensadas en 1946, en la que se observa de modo explícito la fecha señalada.

Fuente: Boletín Oficial del Registro Nacional de la Propiedad Intelectual de Argentina

En 12 de las 16 canciones que se examinan, el formato instrumental identificado por el maestro Ismael Rudas Mieles fue de acordeón, guitarra y guacharaca, correspondientes a las interpretadas por José Barros con su conjunto típico, así como por el Conjunto Peñaranda con el acordeón de José Miguel Cuesta y las interpretadas por Abelito Villa con Guillermo Buitrago y sus muchachos. En las cuatro restantes se introduce por primera vez la caja como instrumento de percusión, siendo interpretadas por Guillermo Buitrago y sus muchachos con el acordeón de Alejandro Barros (ver Tabla 3).

5.3. ¿Se puede hablar de un padre del acordeón en la música del Caribe colombiano?

Hablar de un padre del acordeón es simplificar el proceso de construcción colectiva de una música en la que han intervenido varias generaciones de acordeonistas de toda la región Caribe que, en su momento, hicieron importantes aportes al surgimiento y desarrollo de la música de acordeón. En efecto, el historiador Tomás Darío Gutiérrez habla de una primera generación de acordeonistas magdalenenses en la que inscribe a 19, nacidos entre 1840 y 1890 y una segunda generación, representada por al menos 11 acordeonistas nacidos entre 1890 y 1920. En cada una de estas dos generaciones existieron grandes ejecutores del acordeón con suficientes méritos, según su época y novedades realizadas, para ser padres del acordeón. 

En efecto, entre los 19 acordeonistas de la primera generación que analiza el historiador Tomás Darío Gutiérrez, si se consideran los reconocimientos hechos por los propios acordeonistas de la segunda y tercera generación, bien podría considerarse como padres del acordeón a Francisco Moscote Guerra, Sebastián Guerra y Pedro Nolasco Martínez, entre otros.

Igual ocurre con los 11 acordeonistas de la segunda generación que menciona el historiador referenciado, entre quienes, por la misma razón expresada antes, podrían considerarse también como padres del acordeón a Octavio Mendoza, Eusebio Ayala y Chico Bolaño, entre otros. 

Eusebio Ayala, por ejemplo, se autodenominaba "el rey del merengue" (Gutiérrez, 2014:640) y decía que Octavio Mendoza "era como un Dios del acordeón" (Gutiérrez, 2014: 642). Alejandro Durán decía que Eusebio Ayala era un gran músico quien tenía un letrero en su casa que decía: "enseño a tocar bajo a los músicos" (Gutiérrez, 2014:620). También decía Alejandro Durán que su tío Octavio Mendoza fue el más músico que dio su región (Gutiérrez, 2014: 621). Chico Bolaño fue destacado como acordeonista por Alejandro Durán, Pacho Rada, Pedro Pablo Rojas y Tobías Enrique. Pumarejo, entre otros. 

De la misma manera ocurre con la primera y segunda generación de acordeonistas del antiguo Bolívar Grande, como los hermanos Alberto y Genaro Villamil de Ovejas; Alcides Paternina y Pedro Martínez Domínguez (El Mono de la Goyita) de Corozal; Alejandro Alandete  y José Manuel García de San Jacinto; Eugenio Gil Aviléz (Geño Gil) de San Juan de Betulia; Benito Arrieta de Mahates; Nicolás Guevara de Chochó; Pedro Alquerque de Colosó y Poldo Salazar de Sincelejo; entre quienes también habrá varios padres del acordeón, de acuerdo al criterio que se establezca.

En tiempos más recientes, podemos encontrar muchos otros padres del acordeón entre los pioneros del paseo, el son, la cumbia, la tamborera, el paseaíto, la guaracha, el pasebol, la charanga, etc. 

Si se asumen otros hechos revolucionarios en la historia de la música de acordeón surgirán nuevos padres o pioneros. Por ejemplo, si se considera el hecho del acordeonista que definió los cuatro aires de la música vallenata, entonces Chico Bolaño tendría otra razón para ser considerado Padre del acordeón. 

Si el hecho es el del primer acordeonista costeño en fijar en un disco una interpretación musical, independiente de si es comercial o no, entonces Francisco “Pacho” Rada, sería otro padre del acordeón. 

Si el criterio es el del primer acordeonista en grabar fonográficamente música comercial, entonces habrá que determinarlo con base en fechas de grabación que no dejen lugar a dudas sobre quien o quienes fueron los primeros o pioneros; algo que para los años cuarenta, cuando ocurrieron estas primeras grabaciones, era prácticamente imposible; dado que las emisoras o estudios colombianos que produjeron las matrices que se enviaban al extranjero para su prensado, no dejaron registros documentales de las fechas de sus grabaciones, debiéndose acudir a fuentes orales o indicios circunstanciales que no brindan la certeza y precisión cronológica necesaria.

Cabe recordar que en los años cuarenta había una diferencia significativa de tiempo entre la grabación del acetato matriz en Colombia, el prensado en Estados Unidos, Argentina o Chile y la comercialización en Colombia del disco. El estudio realizado por Massiris (2023) con más de 300 discos grabados en Colombia con el auspicio de J. Glottmann entre los años 1943 y 1947, le permitió a este investigador determinar que un disco grabado en Colombia en aquella época, demoraba entre ocho meses y año y medio (un año en promedio, aprox.) para que llegara de nuevo al país listo para su comercialización. Por ello, al hablar de fecha de grabación, de prensado o de comercialización de un disco, estas fechas serían distintas.

Si se asume como hecho relevante o criterio para buscar padres del acordeón, al ejecutante del primer disco de música de acordeón prensado, entonces habría que buscarlo entre los cuatro pioneros examinados en el numeral anterior: José Miguel Cuesta, Abel Antonio Villa, Alejandro Barros y el desconocido acordeonista del Conjunto Típico de José Barros. Como todos los discos de estos acordeonistas fueron prensados en el año 1946, entonces ¿Cómo se establecería quién fue el primero?

Una manera de resolver este interrogante sería a través de la secuencia numérica de los códigos seriales, la cual, en teoría, establece el orden cronológico de prensado, algo que no siempre ocurre así, pero ante la ausencia de otro procedimiento, sería el único indicador disponible. 

De los ocho discos candidatos a ser el primero prensado se tenía la fecha completa de uno: el grabado por José Barros con el conjunto típico, cuyo prensado se hizo en Odeón-Argentina el 1 de diciembre de 1946, como consta en la información de derechos de autor publicada antes. Esta fecha permite descartarlo como primero. Al ordenar la secuencia numérica de los siete discos restantes, dicho orden es el siguiente:

1) 76-712. José Miguel Cuestas
2) 76-713. José Miguel Cuestas
3) 76-714. Abel Antonio Villa
4) 76-715. Abel Antonio Villa
5) 76-716. Abel Antonio Villa
6) 76-717. Alejandro Barros
7) 76-718. Alejandro Barros

Como se observa, el número serial que aparece en primer lugar es el 76-712 que contiene las canciones “El tigre de Soledad” y “Me voy con un che” interpretadas por el Conjunto Peñaranda con el acordeón de José Miguel Cuesta, el cual sería, según este criterio y datos disponibles, el primer disco prensado de música de acordeón comercial del Caribe colombiano; lo que permitiría considerar a José Miguel Cuesta como otro de los padres del acordeón.

En síntesis, encontrar padres del acordeón implica la ocurrencia de hechos relevantes, trascendentales o revolucionarios  que constituyen hitos en el proceso de desarrollo de la historia de nuestra música de acordeón, por tanto no habrá un padre del acordeón, ni una cuna de nacimiento de la música de acordeón, sino muchos padres o pioneros que con sus creaciones en distintos tiempos y lugares han construido lo que fue y lo que es la música de acordeón del Caribe colombiano.

CONCLUSIÓN

El análisis realizado permitió articular diversas fuentes y evidencias en un discurso argumentativo mediante el cual se abordaron temas centrales de la historia de la música comercial de acordeón del Caribe colombiano, visto en un contexto histórico, nacional y regional. Aunque se trata de temas ya tratados en la literatura de la música costeña; se hizo el máximo esfuerzo por aportar nuevos datos, evidencias y elementos de juicio tanto textuales como intertextuales y contextuales relacionados con la historia de la música de acordeón colombiana en general y, en particular, de la  producción fonográfica de música de acordeón costeña, sus actores, precursores y pioneros. El lector juzgará si los aportes realizados contribuyen a ampliar su saber sobre los temas tratados o a mejorar sus criterios y juicios; si eso ocurrió, el objetivo de este trabajo ha sido logrado.

 BIBLIOGRAFÍA

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*Natalicio de Pacho Galán
*Primera grabación fonográfica del porro María Varilla
*Introducción del bombardino en la música de acordeón del Caribe colombiano
*Emilio Oviedo: el acordeonero con mayor número de cantantes en la historia del vallenato
*Música vallenata: Rafael Escalona Martínez como cantante
*Canciones vallenatas interpretadas en lengua indígena


2 comentarios:

  1. FELICITACIONES, AL ESCRITOR ANGEL MASSIRIS CABEZA POR ESTA JOYA ESCRITA... LA CONFLUENCIA MUSICAL DE COLOMBIA QUEDA EVIDENCIA DA POR ESTA INVESTIGACIÓN...

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